La explosión, de un rojo intenso, inundó el cielo por completo, al mismo tiempo que las miradas incrédulas de todo el mundo quedaron clavadas en la bola de fuego. A continuación llegó el silencio más profundo y tras él, los vítores y los cantos de la gente.
En el firmamento, la bola de luz se iba haciendo, poco a poco, más pequeña y comenzaba a desaparecer, mientras la concentración de espectadores se hacía más y más numerosa.
- Esta victoria nos dará al menos, dos generaciones de estabilidad en el Consejo. – Akbar, el hechicero miró al cielo con sus ojos casi negros y sonrió satisfecho, mientras su mirada se volvía del color de la luz escarlata. – Se que las guerras no son buenas y menos cuando una civilización entera acaba de ser destruida; pero lo cierto es que las cosas no han salido del todo mal.
Devon observó al hechicero. Se conocían desde hacía muchos ciclos y siempre había considerado al otro anciano como un hombre justo y sabio. Ahora, sin embargo, dudaba que realmente así fuera.
- Ha muerto gente, demasiada y la mayoría inocente. – Replicó el creador.
- Mira a tu alrededor, Devon. Hemos ganado la guerra después de décadas; puede que hayamos tenido que darles un puesto aquí en el Consejo, pero nosotros seguimos teniendo el poder. – Dijo Akbar señalando a la gente que los rodeaba.
Sonrió de nuevo, con malicia esta vez y se acicaló la barba blanca.
– ¡Como si eso les fuera a servir de mucho! Hagan lo que hagan, el poder siempre estará en nuestras manos y nosotros tomaremos las decisiones igual que hemos hecho hasta ahora. Eso no lo van a poder cambiar. – Unos niños pasaron corriendo a su lado, jugando a dispararse con pistolas imaginarias. – Tal vez, en ocasiones, los muertos sean necesarios.
- ¿Qué hay del juicio? Los dos sabemos cómo va a terminar.
- Devon, si no te conociera desde siempre, creería que eres un maldito ingenuo. Los mentalistas deben pagar por su intromisión de una vez por todas. Han metido las narices en el Consejo demasiadas veces. Había que pararles los pies.
Unas voces al fondo terminaron con la conversación y los dos hombres se dieron la vuelta casi al mismo tiempo. La bola de fuego en el cielo había desaparecido casi por completo y en su lugar quedaban pequeños cascotes brillantes que formaban estrellas artificiales parpadeantes.
La gente ya no miraba al cielo y se concentraba ahora alrededor de un pequeño grupo de hombres. Los dos miembros del Consejo conocían perfectamente al que estaba en medio. Todo el mundo le conocía en realidad.
- ¿Lo ves? – Continuó diciendo Akbar. – esta guerra nos ha lo que cada uno quería. Los rebeldes tuvieron su guerra, aunque no les salió muy bien después de todo; la gente tiene un héroe al que adorar para siempre y nosotros mantenemos el poder.
- Viktor es un gran hombre. No habrá nunca un guardián como él. –
Devon se fijó en el niño que llevaba sobre los hombros aquel personaje al que las mujeres saludaban con devoción y los hombres daban palmadas en la espalda. El pequeño no debía tener más de cuatro años y reía mirando a su padre con una gran expresión orgullosa.
– Pobre niño, llevará toda la vida el peso de ser hijo del salvador de todos nosotros. Cuando sea un poco más mayor, comenzarán las comparaciones. Está marcado para siempre.
Una sombra oculta bajo una capucha oscura se colocó frente a los ancianos. No podían verle el rostro y las manos eran invisibles bajo largas mangas negras, que más parecían ríos oscuros en continuo movimiento.
- He oído los rumores del pueblo. – Dijo la sombra con voz que parecía proveniente del más allá. – Todos aceptarán el destierro. No habrá más guerras; la gente está cansada. Vuestras órdenes serán aceptadas.
- ¿Y los Mentalistas?
“Siempre tan preocupado por los demás, Devon. Nunca cambiarás” Pensó Akbar para sí mismo.
- Se han resignado. Ya conocen su destino y no se opondrán; siempre y cuando ese sea Caecus.
- Esa luna está demasiado cerca. Es la más próxima a nosotros. ¿Qué problemas tienen con las otras dos?
La sombra ni se inmutó ante el malestar del hechicero.
- Quieren ir a Caecus. Kasim y Neela están dispuestos a hablar con el Consejo y aceptar el castigo, pero quieren ser desterrados allí.
- Ya ves Devon. Los Mentalistas nunca dan su brazo a torcer. Siempre lo han dicho las voces antiguas. Cuando un Mentalista quiere algo, lo consigue. Sin importar el precio.
Su compañero no contestó. Akbar se volvió de nuevo hacia la sombra, su rostro se había vuelto rojo de repente, no soportaba que nadie le llevara la contraria.
- ¡No pueden reclamar nada cuando va a ser...! Trae a Kasim aquí.
Los vieron aparecer un momento más tarde acompañados de la sombra que desapareció sin decir nada, perdiéndose entre la gente. Akbar miró a la pareja, odiaba a Kasim, ese hombre que sonreía continuamente, incluso en los peores momentos. Su mujer por el contrario, era mucho más reservada, con sus ojos siempre estudiando a las demás personas. El hombre llevaba un bebé en brazos, un niño de grandes ojos castaños y cabello negro; con tan sólo un año ya se aferraba con fuerza con los bracitos al cuello de su padre.
- No es lugar para niños.- Dijo Devon, saludando a los recién llegados con un movimiento de cabeza.
- No tenemos a donde ir, por si ya lo habéis olvidado. – Contestó Kasim con un tono tranquilo en su voz. – Nos habéis quitado todo bajo mentiras y aún así, aquí estamos, dispuestos a hablar.
Detrás de él Neela le apretó el brazo con fuerza, con todo lo que habían sufrido y lo que les esperaba por delante, no debían enojar a sus jueces y verdugos.
– Todos sabemos porque nos habéis hecho llamar. Sé que el juicio solo será un trámite, vuestra justicia ya ha hablado. – Mientras hablaba, Kasim no apartaba la vista del hechicero, estaba seguro que todo aquello había sido idea suya. – El destierro es inevitable, lo sabemos, pero si no queréis un nuevo conflicto, aceptaréis Caecus como nuestro nuevo hogar.
- ¡No tenéis fuerza para empezar otra guerra!. No sin los Herederos.
- ¿Quieres apostar? No tengo mucho, pero si yo pierdo, tal vez te gustaría tener un buey de la pradera, su progenie es la mejor de todo el planeta. – Kasim se echó a reír y divisó cierta preocupación en la mirada de Akbar, no era fácil verlo en un hombre tan seguro de sí mismo. Por esa razón, Kasim supo que iba por el bueno camino. – Puede que no podamos empezar una nueva guerra. Pero durante mucho tiempo, los Mentalistas hemos estado a vuestro lado. Seguro que compartimos muchos secretos.
Tras unos segundos de silencio, Devon y Akbar se miraron. El creador asintió y después de suspirar enfadado, Akbar se volvió de nuevo hacia Kasim.
- Tú ganas por esta vez. Caecus es vuestro, pero con esto, has jugado tu última carta, se acabaron los favores y los chantajes. Una civilización entera ha sido destruida hoy. No hagas que mañana sean dos.
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